Las cosas mas bellas de la vida no pueden verse ni tocarse pero se sienten en el corazón.
Hace poco leía ideario ideal, valga la redundancia, de esos que te hacen detenerte y mirarte hacia dentro.En él se mencionaba una palabra: inclusivamente. Inclusión. (Del lat. inclusĭo, -ōnis). 1. f. Acción y efecto de incluir. 2. f. p. us. Conexión o amistad de alguien con otra persona.
Y me dio por pensar en la amistad, esa extraña convergencia de dos seres solos en un plano circunstancial de la vida que nos hace creer que podemos contar con alguien… y a veces es cierto. Incluímos a gentes en nuestra vida. Inclusión. Incluímos sus miradas en nuestra mirada. Inclusión. Incluímos sus ideas en nuestras ideas. Inclusión. Incluímos su tiempo en nuestro reloj. Inclusión. O simplemente compartimos unas horas de viaje sobre la misma ola -pero sin sexo, en teoría-, hasta que quizá otras corrientes nos… ¿cual es el contrario de inclusión?… Ah, sí… excluir… nos llevan a excluirnos. Luego sólo somos memoria, que es el presente. Qué grande es el mundo de lo que excluímos, y qué vago es a veces el mundo de lo que incluímos. Es curioso, porque cuando hablamos de algo excepcional que nos hace diferenciarnos y cuando calificamos a algo extraordinario, decimos que es exclusivo. Entonces un amigo sería como tener una inclusión en exclusiva, porque no es algo para todos, sólo para algunos. Ya se sabe que una idea, y su expresión hecha palabra, no existe sin su contraria. Conexión, decía el diccionario. Qué incierta forma de expresar la esperanza de ahuyentar o compartir la soledad. Porque un verdadero amigo puede estar en silencio contigo incluso muchos años… El aire está lleno de hilos transparentes…
No tengo mucho que decir...pero esta semana estuvo llena de contrastes que me hicieron creer que tanta coincidencia junta en una sola persona;era demasiado...esa espontaneidad y darse al resto tambien...siempre dije que habia excepciones,pero nunca pensé que la encontraría por estos días,en donde solo buscaba tranquilidad total;donde quería seguir curando mi alma y mi corazón...quise agradecerle y confesarle que me hizo sentir bien...pero callé cuando me dijo que miraba en otra dirección y aunque suene a cliché "soy feliz tambien por ello".
Ahora comprendo que fue una bonita locura.
Cuando cae la tarde me gusta pasear inquieta bajo la dársena azul que parece vigilar cada uno de mis pasos.
Con los pies húmedos, caminaba por la arena, hundiéndome en ella... en cada paso como en el primero.Solía caminar por la orilla, por ese camino sinuoso dibujado entre la arena y la olita. Allí donde él viene a mi encuentro y dónde yo espero inquieta su vaivén. Me viene entonces a la cabeza un recuerdo, y es que de niña como no me atrevía a pisar el agua me contentaba disfrutando del contacto de mis pies con la arena. A veces, estaba seca y el camino se hacía pesado; otras, un tanto húmedo pues la marea a escondidas había subido y en mi ausencia (e ignorancia) había vuelto a su sitio. Y cuando esto ocurría el camino era más fácil.Un día, paseando por la playa, y en su presencia persistente y azul, comencé a caminar por el otro lado. Había descubierto el tibio placer (y necesario) del sentir su va-i-vén en mis tobillos. Pronto descubrí las ventajas de ese lado. Descubrí el efecto refrescante que me causaba, sobre todo en los días, en los que a causa del sol, más me fatigaba. Aprendí de la experiencia que por más que salada esa agua también sacia.Otro día y sin querer caí en la cuenta de que podía alzar la vista y seguir andando, entonces también hallé el horizonte y en él, mil razones y mil motivos por los que estar allí, en la playa, paseando. Aprendí a contemplar “a solas” la línea que separa el azul de los azules, allá donde el (a)mar abraza al cielo. Y yo seguí en la orilla, sintiendo el vaivén del mar. Tendiéndole la mano al mar y en consecuencia al…
... descubrí un mar más largo, más profundo y con un azul más intenso que nunca, uno más cómplice que nadie, un (a)mar conjugado y un infinitivo perfecto. Un (a)mar con horizonte, uno "con fin en si mismo".